Seguro que alguna vez has jugado al Monopoly. Ese tablero lleno de calles, estaciones, billetes de colores y discusiones familiares eternas sobre quién se queda con la Gran Vía o quién va a la cárcel sin pasar por la casilla de salida. Pero lo que casi nadie sabe es que detrás de este juego tan popular hay una historia sorprendente, con personajes olvidados, sueños americanos y hasta un mensaje que con el tiempo se perdió por completo.
Todo empezó con una mujer y una idea revolucionaria
La historia comienza en 1903, cuando una mujer llamada Elizabeth Magie inventó un juego llamado The Landlord’s Game (El Juego del Propietario). Su intención no era entretener a las familias un domingo por la tarde, sino enseñar una lección sobre la injusticia del sistema económico.
En su tablero había calles, parcelas y rentas, y los jugadores podían jugar de dos maneras:
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Una versión competitiva, en la que uno se hacía rico mientras los demás perdían.
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Y otra más justa, en la que las ganancias se repartían entre todos.
Lo curioso es que su idea original era una crítica al capitalismo y a los monopolios, una especie de advertencia de lo que pasaba cuando la riqueza se concentraba en pocas manos.
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Patentado en 1903 |
Un juego casero que se fue transformando
Durante años, The Landlord’s Game circuló de manera informal. La gente lo copiaba, lo modificaba y lo jugaba en casas de amigos. Cada grupo cambiaba nombres de calles y reglas, y poco a poco el juego fue tomando una forma más parecida al Monopoly que conocemos hoy.
Hasta que apareció un hombre que cambiaría su destino para siempre: Charles Darrow.
Charles Darrow y el mito del “sueño americano”
Estamos en los años 30, en plena Gran Depresión. Darrow estaba en paro cuando conoció una de estas versiones caseras del juego. Le gustó tanto que empezó a fabricar tableros pintados a mano y venderlos.
El éxito fue tal que la editorial Parker Brothers lo compró y lo lanzó oficialmente en 1935 bajo el nombre de Monopoly. Darrow se convirtió en millonario, y la compañía lo presentó como la gran historia inspiradora del hombre que, desde la nada, inventó un juego y triunfó.
Pero había un detalle: Darrow no lo había inventado. El verdadero origen estaba en Elizabeth Magie, a la que apenas pagaron unos dólares por los derechos. Su nombre quedó en el olvido durante décadas.
De crítica al capitalismo a símbolo del consumo
Lo más irónico es que el juego que había nacido como denuncia contra los monopolios terminó convirtiéndose en el juego que glorificaba ser el dueño de todo. Lo que Magie había creado como advertencia se transformó en un producto masivo que celebraba la especulación, la compra de propiedades y la quiebra de tus rivales.
Y la fórmula funcionó: millones de familias lo compraron, y con el tiempo se convirtió en uno de los juegos de mesa más vendidos de la historia.
El Monopoly conquista el mundo
El éxito internacional fue imparable. Cada país tuvo su propia versión, con calles locales. En España, por ejemplo, nos encontramos con la Gran Vía, Velázquez o Serrano, mientras que en Reino Unido se usaron calles de Londres.
Después llegaron las ediciones temáticas: desde Star Wars hasta Pokémon, pasando por equipos de fútbol, ciudades del mundo y hasta versiones digitales. Hoy en día hay más de mil ediciones diferentes del Monopoly.
Un clásico eterno (y odiado)
El Monopoly ha pasado a ser más que un simple juego: es parte de la cultura popular. Ha protagonizado torneos, memes y también discusiones familiares legendarias que han acabado con alguien enfadado y jurando no volver a jugar nunca más.
Pero ahí sigue, más de un siglo después de su creación, recordándonos que, a veces, la historia que hay detrás de un juego es casi tan fascinante como el juego mismo.
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